DOSCIENTOS GRAMOS

Volví a los libros con los que estudiaba cuando era niña y descubrí que las mujeres casi no estaban presentes en ellos.

Doscientos gramos parte de esa ausencia. Regreso a las enciclopedias para fotografiar a las mujeres que aparecen en ellas casi por casualidad, relegadas al fondo de la imagen. No eran protagonistas; simplemente estaban ahí, de paso, sin que nadie las mirara realmente.

Mis imágenes las acercan: las traigo al primer plano y las sitúo en el centro, otorgándoles el protagonismo y la importancia que no tuvieron. Al mismo tiempo, rescato la naturalidad de su presencia: no son conscientes de estar siendo fotografiadas, ni el fotógrafo original dirigía su pose, porque la imagen no estaba pensada para ellas.


Doscientos Gramos Compendio

Doscientos gramos parte de un gesto simple y preciso: Astrid Jahnsen fotografía imágenes encontradas en viejas enciclopedias, como las que utilizó cuando era niña para estudiar. Utilizando un lente macro, se acerca mucho, aísla detalles, desenfoca los contextos y revela la materialidad de la impresión. Pero este procedimiento no solo expone la estructura física de la imagen; también pone en evidencia la trama cultural e ideológica que la sostiene.

El proyecto surge de una experiencia personal. De niña, Jahnsen ayudaba a su abuela a resolver crucigramas consultando estas enciclopedias. Estos libros, que prometían un saber universal, fueron también el lugar de un descubrimiento inquietante: las mujeres estaban casi ausentes de sus páginas. Los protagonistas de la historia, los genios y las figuras importantes eran casi todos hombres, al igual que los miembros de los comités editoriales.

A partir de esta constatación, Jahnsen inicia un trabajo de rescate. No busca figuras femeninas ya reconocidas por la historia, sino mujeres anónimas que aparecen por casualidad en las imágenes, relegadas al fondo: una transeúnte, una trabajadora, una estudiante, una madre, una espectadora. Al refotografiarlas y separarlas de su contexto original, las trae al primer plano y las convierte en protagonistas. Lo que antes era un detalle secundario se convierte en la imagen principal.

De este modo, Doscientos gramos puede leerse como una contraenciclopedia: un archivo de presencias femeninas omitidas por una mirada que se pretendía objetiva, pero que estaba atravesada por sesgos de género. Al conservar la huella de su origen, estas imágenes recuperadas nos invitan a mirar la cultura de otra manera y a preguntarnos qué historias quedaron fuera de los relatos dominantes.

El título Doscientos gramos proviene de una afirmación incluida en Astronomie des dames, un libro publicado por Camille Flammarion a inicios del siglo XX. En su prólogo, el autor sostiene que el cerebro masculino pesa doscientos gramos más que el femenino, y vincula esta supuesta diferencia biológica con una jerarquía intelectual entre hombres y mujeres. Presentada en un tono didáctico y científico, la frase condensa una forma de machismo que durante mucho tiempo buscó legitimarse a través de la ciencia, la educación y la cultura escrita.

Al adoptar esta expresión como título, Jahnsen la expone críticamente. Doscientos gramos señala cómo el prejuicio patriarcal se infiltró en espacios que se presentaban como neutrales y universales, como las enciclopedias y los libros educativos. El título no nombra un hecho, sino la supuesta justificación de una exclusión histórica.

Como título de la exposición, esa cifra deja de funcionar como argumento y se convierte en evidencia. Pierde su autoridad al ser revelada. Lo que antes se presentaba como verdad ahora aparece como construcción. Es precisamente ahí donde opera el trabajo de Jahnsen: desmontando esa mirada y devolviendo peso a lo que había sido dejado de lado.