La Mirada Perdida
Carlo Trivelli
Los proyectos de Astrid Jahnsen responden a un proceimiento, una suerte de hilo conductor, que es a la vez visual y conceptual. Jahnsen toma imágenes de fotografías de distintos tipos de publicaciones. Y lo hace con un gran acercamiento, de un modo que sus fotografías revelan, para el espectador, la trama de puntos que compone las imágenes impresas y de video. El acercamiento, el ángulo y la reproducción muchas veces parcial de la imagen original la descontextualizan y permiten mirarla como si fuera con nuevos ojos. Ese aspecto visual de su trabajo funciona conceptualmente como una metáfora: Jahnsen no solo está exponiendo la oculta trama que da forma a las imágenes; al hacerlo nos está dando una pista sobre como entender, también como si fuera con nuevos ojos, el modo en que las imágenes han sido construidas conceptualmente y la trama social y cultural que esconden.
En La Mirada Perdida Jahnsen fotografía algunas de las ilustraciones de una colección de libros dedicados a los grandes maestros de la pintura que le llegaron como herencia de su abuela y que ella leía cuando era niña. Como cabría esperar, todos los artistas en la colección eran hombres y la presencia de la mujer se reducía a aquellas que habían sido retratadas por los pintores. La mirada perdida revela la trama del dominio masculino pero cargado de matices más sutiles acerca de lo que significa ver y ser vista.
En un primer momento, el proyecto buscaba plantear una reflexión acerca de la ilusión que estas pinturas generan en los espectadores: que son estas mujeres las que nos miran a nosotros, cuando en realidad lo que vemos es también, y quizá sobre todo, cómo estos artistas miraban a sus modelos. La ausencia de pintoras en la colección no hacía sino volver más acuciante este hecho. Así que Jahnsen intentó fotografiar a las mujeres pintadas desde un punto de vista que pudiera acercarse al que ellas podrían haber tenido sobre sí mismas al posar. De ahí que varias de las imágenes aprovechen los reflejos en espejos o simulen la mirada de la modelo sobre alguna parte de su propio cuerpo.
Las imágenes de Jahnsen en este proyecto revelan también, por momentos de manera inquietante, atisbos de la violencia que implica la situación de vulnerabilidad y exposición de la modelo frente al pintor. Y, como la otra cara de la moneda, nos llevan a imaginar el pudor frente al hecho de posar desnudas o semidesnudas. Pero hay en algunas de estas fotografías una sobrecogedora delicadeza, sobre todo en aquellas en las que nos cuesta descubrir qué es lo que Jahnsen retrató del cuadro original, como si el descubrimiento de la propia mirada sobre ellas mismas fuese un misterio o nos permitiera atisbar un vacío.
El intento por recuperar la mirada perdida de estas mujeres es, muy probablemente, una aventura fallida. Nunca podremos ver a través de los ojos de estas mujeres ni pensar lo que pensaron ni sentir lo que sintieron. Pero el intento en sí es elocuente sobre las posibilidades que revelar nuevas perspectivas puede enseñarnos acerca de los presupuestos sociales y culturales, así como los íntimos y sentimentales, que se esconden tras la evanescencia de una simple mirada.
LA MIRADA PERDIDA